Escribo...
Para mantener distraida a la amargura
Escribo...
sus dardos con palabras, mi amargura
Y callo...
Por que digo más en mis silencios
que engañando a las palabras
con sentimientos adoptados.
Escribo, esquivo y callo
y a menudo en un folio
mis lágrimas son tinta y no hallo
mejor ataque que un poema
ante tanto olvido
ante tanta pena
Escribo...
Para curar mi alma rota
Escribo...
para que el silencio no me coja
Y curo...
Mis heridas con un verso
mis miedos con palabras
y los lloro en una hoja
Escribo...
Para mantener distante a la locura.
martes 9 de junio de 2009
1964
I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Paradojas
Soy normalmente extraña,
inocentemente morbosa,
quietamente ruidosa,
sarcásticamente serena,
profundamente parca,
simplemente confusa,
llámame loca.
inocentemente morbosa,
quietamente ruidosa,
sarcásticamente serena,
profundamente parca,
simplemente confusa,
llámame loca.
lunes 8 de junio de 2009
Blanca Nieves se despide de los siete enanos
Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.
"Así se fundó Carnaby Street" 1970
Sin ti, amada, no puedo morir
Puedo vivir, sí: la vida, historia hecha de ausencias, a todo se acomoda. Pero temo a la muerte si tú no estás conmigo.
Acompáñame cuando llegue esa soledad, te ruego. Toma mi mano y dime una palabra. Cualquier palabra, la que sea. Me bastará escuchar tu voz para quedar tranquilo.
No puedo morir sin ti, amada. Ven con la muerte, entonces, y déjame en sus brazos. Seremos tres: tú, la muerte y yo. Así hemos sido siempre, es la verdad: tú, yo y la muerte. Así vamos ahora por la vida, así en la muerte iremos cuando el ahora se vaya.
Acompáñame cuando llegue esa soledad, te ruego. Toma mi mano y dime una palabra. Cualquier palabra, la que sea. Me bastará escuchar tu voz para quedar tranquilo.
No puedo morir sin ti, amada. Ven con la muerte, entonces, y déjame en sus brazos. Seremos tres: tú, la muerte y yo. Así hemos sido siempre, es la verdad: tú, yo y la muerte. Así vamos ahora por la vida, así en la muerte iremos cuando el ahora se vaya.
Nieve de primavera
Ha nevado
en un lugar donde raramente cae nieve,
sin parar, amontonándose con la ventisca.
La nieve lo cubre todo,
y cuanto cubre es hermoso.
¿Está preparada la gente para la felicidad del
deshielo?
Me gustaría saberlo.
en un lugar donde raramente cae nieve,
sin parar, amontonándose con la ventisca.
La nieve lo cubre todo,
y cuanto cubre es hermoso.
¿Está preparada la gente para la felicidad del
deshielo?
Me gustaría saberlo.
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