lunes 8 de junio de 2009

Sin ti, amada, no puedo morir

Puedo vivir, sí: la vida, historia hecha de ausencias, a todo se acomoda. Pero temo a la muerte si tú no estás conmigo.

Acompáñame cuando llegue esa soledad, te ruego. Toma mi mano y dime una palabra. Cualquier palabra, la que sea. Me bastará escuchar tu voz para quedar tranquilo.

No puedo morir sin ti, amada. Ven con la muerte, entonces, y déjame en sus brazos. Seremos tres: tú, la muerte y yo. Así hemos sido siempre, es la verdad: tú, yo y la muerte. Así vamos ahora por la vida, así en la muerte iremos cuando el ahora se vaya.